Históricamente el Taxi siempre ha sido explotado por trabajadores autónomos, de hecho el primer taxista autónomo fue Martín Vidal i Pedrola en 1912. Este hecho lleva a error, pensandose muchos compañeros, que al ser autónomos, son explotadores de una multinacional con cotización en bolsa, nada más lejos de la realidad.

Es triste mirar atrás y darse cuenta de que la decadencia del Taxi comienza en paralelo cuando se le abre la puerta al sector empresarial junto con la ley catalana del Taxi del 2003, pensando muchos compañeros que al ser considerados “empresa” comenzaría una etapa de prosperidad. Es cierto que los primeros años fueron rentables, pero es evidente que fue fruto de la burbuja económica en la que estaba inmerso todo el país, pero al estallar la crisis quedaron al descubierto las deficiencias en el nuevo modelo de explotación del Taxi. Las flotas representando a un 15% del sector con más poder que el 85% de autónomos, medio arruinados pero con el valor de la licencia por las nubes, valor el cual solo estaba al alcance de los acaudalados floteros, jugada maestra otra vez.

Otra cuestión que nos asfixia y que arrastramos desde esa etapa es el hecho de que cualquiera pudiese contratar asalariado (o vulgarmente llamado doble turno) en un intento de equiparar al autónomo con el empresario, producto probablemente del complejo de inferioridad de algunos, y llevando al límite al sector rozando la quiebra técnica.

Algunos de aquellos voceros nigromantes, hoy en día los podemos ver como propietarios de talleres, emisoras, gestorías o incluso “prosperando” en el rentable negocio de las Vtcs, sin olvidarnos de las flotas y su modelo de negocio que tanto daño hace al sector y a la ciudadanía en general, mientras que el taxista autónomo, la inmensa mayoría, quedó abandonado a su suerte, una pena.

Aquellos que hayan tenido la satisfactoria oportunidad de charlar con algún compañero veterano, estarán al corriente de cómo era trabajar el Taxi antes de la ejecución de esta ley, que por supuesto no era ninguna bicoca, pero si que el Taxi estaba considerado de carácter público, lejos del tufo empresarial que hay en la actualidad. Ningún negocio que para poder mantenerlo estes obligado a trabajar un “mínimo” de 12 horas es rentable, todo lo contrario, así que elevarlo al rango de empresa me parece un tanto pretencioso, llamarme raro.

Uno de nuestros peores problemas es el empeoramiento en la calidad del servicio y esto viene dado por la masificación de asalariados, amenazados estos por el ansia caníbal de sus antropofagos propietarios como si de una trata de esclavos, de hace no tantos siglos, se tratara, viéndose obligados en muchos casos ha estafar al cliente por miedo a verse en la calle. Cuanto más personal tenga la credencial de taxista, más sencillo es presionar al asalariado, creando un suculento festín humano, cocinado lentamente en las escuelas del Taxi, autenticos lavaderos de cerebros, propiedad estas de los mismos floteros, un plan maquiavelico.

En resumen, todos los problemas de este sector comienzan a raiz de las demandas y los cantos de sirena de cuatro elementos, que a dia de hoy son propietarios de su “chiringuito”, y el taxista autónomo esta peor que nunca inmerso en una psicosis a causa del peor ataque al sector del Taxi de toda su historia, provocado en parte por la apertura de esa brecha en la ley del 2003 y que nos aleja de nuestro carácter público.

Pero no todo está perdido, el Taxi de Barcelona está considerado como uno de los mejores del mundo, gracias en parte al gran volumen de autónomos, los cuales siempre cuidaran de su pequeño palacio rodante en cuestión de calidad e higiene, y si se ha notado cierto retroceso en estos aspectos es por la prácticamente nula rentabilidad y por el cada vez mayor desinterés por parte de la administración en la conservación y evolución del sector, y de esto en Elite sabemos un rato.

NO TENEMOS FONDOS, DICEN.

LO QUE NO TENEIS ES VERGUENZA.

La conclusión es que no se sabe a ciencia cierta quién es exactamente el que pretende apoderarse del Taxi, la administración, las codiciosas flotas, o las multinacionales del transporte, y el taxista autónomo resistiendo como puede a las repetidas embestidas con una actitud modélica y digna de ejemplo, aunque algunos digan lo contrario.

POR Y PARA.

FRAN CATALÁN.