Soy taxista del Àrea Metropolitana de Barcelona, y cada vez que leo o escucho hablar del “Monopolio” del Taxi tengo que ir a buscar el diccionario de la RAE.

Para empezar soy autónomo. Si eres de los modernos, llámame freelance. Y me parece difícil poner al mismo nivel las palabras “Monopolio” y “Autónomo”. Me parece un oxímoron de la talla de “piedra de madera” o “rueda cuadrada”.

Seguiré con números. Redondeando, hay unas 10.500 licencias de taxi en Barcelona y su área metropolitana. Cada día descansan obligatoriamente un 20%. Por lo que trabajan 8.125 licencias diariamente. Lo que quiere decir que tengo una competencia directa de 8.124 vehículos a diario. Muchos de ellos a doble turno gracias a la crisis. Marido y mujer, padre e hijo, hermano y hermana, o simplemente las empresas floteras. Vaya “Monopolio” donde nos vamos quitando los clientes en las esquinas por 5 o 10 euros la carrera.

Luego tenemos el gran abanico de transporte público. El metro. Y los Ferrocarrils de la Generalitat con billete integrado. Y los tranvias con billete integrado. Y los autobuses urbanos con billete integrado. Y los autobuses interurbanos con billete integrado. Y Renfe con billete integrado. Y compañías de autocares subvencionados hacia toda Catalunya, que acabarán siendo públicos y con billete integrado…. Y todo ésto está bien, claro que sí, debe ser así. Pero es evidente que ésto afecta directamente a mi “Monopolio” del taxi.

También tenemos las VTC’s, y cada vez más. Vehículos con conductor, supuestamente de lujo. Deben tener una potencia y medias mínimas, que poco a poco parecen que se van rebajando para beneficio de ciertas empresas, hasta tal punto, que existen furgonetas para transportar frutas y verduras, que con los vidrios tintados y cuatro asientos de cuero, nos han colado como vehículos de lujo, como VTC’s. Debe ser que esos vehículos no hacen competencia a mi “Monopolio”.

Hablemos ahora del “Monopolio” que tienen los taxis en el aeropuerto. Donde cualquier pasajero que aterriza en Barcelona puede escoger entre el Aerobús, la Renfe, el autobús metropolitano, autobuses interurbanos, las VTC’s, y ahora también el metro. Esa famosa línea 9, que va a disfrutar todo el mundo menos los ciudadanos de la ciudad.

Y ya puestos, sigamos con el puerto de cruceros. Accesible también mediante autobús. Donde los taxis son arrinconados en una zona de espera a 2km de distancia de los barcos, donde no se nos vea mucho ni molestemos demasiado. Mientras los autocares de las empresas pueden aparcar justo delante de los accesos a los cruceros, mientras sus comerciales acceden a las naves a vender los desplazamientos antes de desembarcar. Y a los taxis se les prohibe la autopublicidad de este maravilloso “Monopolio”.

A todo esto sumaremos la tecnología. Nuevas app’s, algunas de ellas respetando las leyes y normativas del taxi. Otras no. Algunas de ellas escondiéndose bajo el falso concepto de economía colaborativa, donde conductores sin licencia trabajan sin permisos ni controles, pagando comisiones y asumiendo gastos. Unos conductores a los que no les sale a cuenta cotizar los autónomos, pagar el IVA o declarar beneficios, porque cotizando y pagando no tendrían beneficios, por lo que generan economía sumergida, dinero negro y destrucción de empleo legal.

(NOTA: el minístro de Economía, Luis de Guindos, se mostraba a favor de este tipo de negocio. Pues si es tan “listo”, que nos explique a todos cómo mantener un Estado del Bienestar, con sus pensiones, sus ayudas al desempleo, su educación pública, su sanidad pública,… si todos nos ponemos a trabajar por nuestra cuenta y nadie cotiza, paga ni declara una mierda. ¡Uy! ¡Perdón! No me acordaba que éste listo está en la cuerda de la liberalización, la privatización y las TTIP, ¡Y que se jodan los pobres!)

Finalmente, sólo me queda pedir a los periodistas de pluma ágil, a los opinadores del todolosé y a los tertulianos de lengua rápida, que antes de utilizar Monopolio del taxi, se lo piensen dos, tres o más veces, o se pongan a trabajar una semana en el Gremio, y vean como se vive en este “Monopolio”, que se levanten a las 4 de la madrugada unos días y se acuesten a las 5 de la madrugada otros, dependiendo cuando hay trabajo. ¡Y que nunca falten taxis en la ciudad! Porque la gente hace cola y espera para ir al cine, al teatro, a un restaurante, a un museo, al médico, al dentista, al supermercado, de rebajas, … pero no puede esperar un minuto a un taxi.

DCP