EL DÍA QUE NACIÓ EL TAXI.
El 17 de agosto de 2017 será una fecha que los españoles -especialmente los barceloneses- no olvidaremos jamás. 
Ante una situación de tal calibre, es obvio que se plantea cuanto menos complicado, el poder extraer nada positivo al respecto. Y así es. Pero por desgracia en una sociedad sin sentido como en la que vivimos, hay que tener un mínimo de preparación para poder responder ante una situación como la que sufrimos en uno de los lugares más céntricos y transitados de nuestra ciudad, como son las Ramblas de Barcelona.
Una vez pasa todo, el terror se apodera del lugar; llantos, desesperación, carreras hacia ninguna parte… todo es válido para huir del infierno en el que se ha convertido el lugar. 
Impecable el trabajo de los cuerpos de policía, ambulancia, hoteles, propietarios de establecimientos de la zona, y ciudadanos anónimos en general.

A todos estos héroes había que sumar los que siempre están ahí. Los que nunca salen en televisión y cuando lo hacen es sin duda para verlos envueltos en una trama violenta, buscando siempre el rechazo del espectador que observa la situación. Estoy hablando de mis compañeros taxistas.
El taxi de Barcelona -y alrededores- dio una lección a todos. La coordinación, velocidad de reacción y el saber llevar la situación en todo momento, daba a entender que llevábamos haciendo esto toda la vida, cuando la situación nos pillaba tan de sorpresa como a cualquier otro. La pequeña diferencia y mis compañeros de Elite Taxi me comprenderán perfectamente, es que nuestra esencia es ésta. 
Desde el nacimiento de nuestra asociación, hemos vivido por y para todo aquel que lo necesita. Siempre hemos dicho que ser taxista para nosotros no es una profesión más, es un modo de vida, una pequeña parte de la sociedad que siente la necesidad de dar un servicio al ciudadano, mucho más allá de llevarle “de A a B”. Y así lo llevamos haciendo en los más de 3 años y medio de existencia de la asociación.
Durante el día de los atentados y cuando llegué a casa, no paré de recibir mensajes de conocidos y familiares dándonos la enhorabuena por la gran labor que habíamos hecho. A lo que yo les respondía: 

– Esto es lo que siempre os digo y nunca me entendéis.
Para nada mi intención es la de sacar partido de algo tan horrible como lo sucedido, pero dentro de la situación que se produjo, me emociona ver por fin en medios de comunicación, redes sociales, etc… que el taxi de Barcelona fue un ejemplo de solidaridad. O dicho de otra manera (de ahí vendría el título de este artículo), por fin la gente ha podido ver la verdadera cara del taxi y sentir los valores de los cuales estamos empapados tantos y tantos compañeros, y llevamos tanto tiempo haciendo desde el silencio, únicamente obteniendo la recompensa de ver la felicidad en los rostros de la gente que necesitaba nuestra ayuda, y la recibió sin pedir nada a cambio. Bueno, decir nada a cambio sería mentir…
¿Hay mejor recompensa que sentir que has ayudado a alguien?.
Calamaro.